Herida de Espejo con Tijera:
Un Diálogo Corpóreo con Mujer ante el Espejo de Paul Delvaux.1936.

Ciclo Visiones y Presencia
Comisariado por Semíramis González

Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Madrid, España. 2025.

En el marco de la Semana Internacional del Cáncer de Mama, me propuse intervenir el espacio del Thyssen con "Herida de Espejo con Tijera", una performance - en colaboración con la actriz Ruth Talavera - que estableció un diálogo crítico y visceral con "Mujer ante el Espejo" (1936) de Paul Delvaux. Esta performance se inauguró en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid en octubre de 2025. Como mujer superviviente de cáncer de mama y artista, esta acción buscó desafiar el canon occidental heteropatriarcal blanco que históricamente había silenciado y marginado nuestros cuerpos no normativos.

Delvaux nos presenta una figura femenina enigmática, encapsulada en una atmósfera onírica donde las miradas no se encuentran en el reflejo en el espejo. Mi intervención, Herida de Espejo con Tijera, partió de esta tensión para cuestionar la construcción de la feminidad y la patologización de nuestros cuerpos. Llevé puesto un vestido de papel —hecho con el papel utilizado para preservar obras de arte— que corté lentamente con unas tijeras, de espaldas al público y de frente al cuadro .El propio cuadro fue mi espejo en esta acción.

La tijera, símbolo de la intervención médica que marcó mi propio proceso de supervivencia, se convirtió allí en herramienta de subversión: corté el velo de la representación para revelar la herida como espacio de resistencia. Esa tarde, en el Thyssen, los cuerpos no normativos —aquellos marcados por la enfermedad, la diferencia, la disidencia— ocupamos ese espacio institucional para desestabilizar la mirada hegemónica. No se trató solo de visibilizar el cáncer de mama, sino de irrumpir en el relato artístico dominante para afirmar que nuestros cuerpos, heridos y supervivientes, eran territorios de lucha y creación. Herida de Espejo con Tijera no buscó la contemplación pasiva; invitó a habitar el dolor como acto político, a reconocernos en la vulnerabilidad compartida y a transformar el espejo en umbral de emancipación.

En diálogo con Delvaux, mi acción perforó la superficie del cuadro para interrogar: ¿qué cuerpos eran dignos de ser vistos, tocados, recordados?. Al cortar con la tijera el vestido de papel, no solo intervine la imagen; rompí el silencio impuesto sobre nuestras cicatrices. Este acto fue un grito sordo: nuestros cuerpos eran mapas de resistencia, y su herida, su potencia.

Relacioné mi performance con la problemática de la demora en los diagnósticos de tumores de mama —contexto en el que se habían reportado problemas en programas de cribado que llevaron a demoras significativas en el diagnóstico y tratamiento de pacientes, afectando a alrededor de 2.000 mujeres que esperaban segundas pruebas diagnósticas—

La espera y la incertidumbre asociadas a los diagnósticos tardíos se reflejaron en la tensión entre el reflejo del espejo (el cuadro de Delvaux) y la acción de cortar con la tijera el vestido de papel. La herida representada en mi performance simbolizó la resistencia frente a un sistema que a veces fallaba en ofrecer respuestas rápidas y efectivas.

Pronunciamos el lema feminista que la artista norteamericana Barbara Kruger había hecho tan famoso en los años 80, en una de sus obras, de "Your body is a battleground" ("Tu cuerpo es un campo de batalla"), enfatizando que los cuerpos de las mujeres son territorios de lucha y resistencia y que solo nos pertenecen a nosotras. Cortar el silencio fue el primer acto de cura,  nuestros cuerpos, heridos y supervivientes son espacios de creación y lucha. Al cortar el vestido de papel frente al cuadro de Delvaux, rompí el velo de la representación para revelar la potencia de la herida como acto político y de resistencia.

Además, esta performance se sitúa en un contexto donde el canon estético femenino contemporáneo se ha convertido en una prisión asfixiante para innumerables mujeres. Nos encontramos ante una tiranía de la perfección corporal que impone estándares inalcanzables y opresivos. Este ideal de belleza homogeneizador y restrictivo dicta proporciones irreales, exige una juventud perpetua y niega la diversidad natural de nuestros cuerpos. Es un régimen estético que patologiza la diferencia, que convierte la variación en defecto y que fomenta una cultura de autocrítica despiadada y modificación corporal constante. Frente a esta dictadura de la imagen, nuestros cuerpos diversos, marcados por la vida y la experiencia, se alzan como actos de rebeldía y autoaceptación radical.

Al concluir mi acción individual, soy acompañada por un grupo de compañeras, quienes se unen a mí en un acto colectivo de resistencia y solidaridad. Estas mujeres, con sus propios cuerpos no normativos marcados por diversas experiencias —cicatrices de mastectomías, cuerpos diversos en tamaño y forma, pieles tatuadas con historias de supervivencia— se posicionan junto a mí y formamos un frente unido de corporalidades disidentes, desafiando las representaciones tradicionales de la feminidad y reclamando nuestro espacio en el museo y en la sociedad. Este acto final colectivo subraya que la lucha contra la invisibilización y la marginación de nuestros cuerpos es una batalla compartida, invitando a la reflexión y al cambio en la percepción social de los cuerpos diversos.

Teresa Correa

Fotos: Laura de la Osa

Coordinación: Muy Yeah Films